Hay partes de ti que todavía siguen creciendo


Hay partes de ti que todavía siguen creciendo

MAPAS · ENSAYO 07 · 4 min de lectura                                                                                                                           

—¿Qué sientes cuando bailas?

Billy no habla de una profesión. No dice que quiere convertirse en bailarín. Tampoco explica qué piensa hacer con su vida.

Responde algo mucho más difícil de describir.

—Es como electricidad.




Hay experiencias que producen ese efecto. No siempre sabemos qué significan, ni adónde podrían llevarnos. Solo reconocemos que, cuando aparecen, algo en nosotros despierta.

Con el tiempo, esa sensación suele quedar en segundo plano. Aprendemos otras habilidades. Nos volvemos competentes. Construimos una vida alrededor de aquello que sabemos hacer. Y esa vida puede funcionar. Incluso puede ser una buena vida.

Hasta que un día aparece una inquietud difícil de nombrar. No nace del deseo de romper con todo. Se parece más a la intuición de que una parte de nosotros todavía no ha encontrado espacio suficiente para crecer.

La respuesta habitual es buscar una nueva pasión. Otra profesión. Una vocación que explique lo que está ocurriendo.



Cada vez me interesa más otra posibilidad: quizá no estemos buscando algo nuevo. Quizá estemos intentando reconocer una parte de nosotros que sigue desarrollándose.



Porque aquello que nos hace sentir vivos rara vez permanece idéntico a lo largo de la vida. Las actividades cambian. Las etapas cambian. Las circunstancias también. Sin embargo, algunas cualidades permanecen: una sensibilidad, una manera de mirar, una forma de relacionarnos con el mundo.

La danza puede haber despertado la presencia del cuerpo. La música, una sensibilidad particular. La literatura, la capacidad de contar historias. El liderazgo, una manera de ayudar a otros a crecer.

Con los años, esas actividades pueden desaparecer. La cualidad que revelaron, no necesariamente. Sigue buscando otra forma de participar.




Por eso no siempre necesitamos volver a aquello que nos apasionó.

Muchas veces basta con preguntarnos qué parte de nosotros encontraba expresión en esa experiencia. Qué estaba despertando. Qué necesitaba desarrollarse. Y de qué otras maneras podría hacerlo hoy.



Hay personas que pasan años construyendo una identidad alrededor de aquello que hacen bien. Se convierten en profesionales competentes. En personas confiables. En quienes resuelven. En quienes sostienen. En quienes hacen que las cosas funcionen.

Un día descubren que esa identidad ya no alcanza para expresar todo lo que está emergiendo. No significa que el camino recorrido haya sido un error. Significa que seguimos cambiando. Y que una identidad que durante mucho tiempo nos permitió crecer puede empezar a resultar demasiado estrecha.



Entre la identidad construida y aquello que empieza a emerger se instala una tensión silenciosa.

Una parte desea conservar lo conocido.

Otra empieza a reclamar espacio.

Todavía no sabemos cómo llamarla, ni qué forma tendrá. Solo advertimos que insiste. Que vuelve. Que nos devuelve, aunque sea por un instante, aquella sensación de estar completamente vivos.


Tal vez la pasión nunca intentó decirnos qué hacer. Quizá estaba mostrando cómo nos gusta estar en el mundo.

Eso cambia mucho la conversación.

No todo aquello que hacemos extraordinariamente bien sigue siendo el lugar donde nuestra vida quiere desplegarse. Y tampoco todo aquello que alguna vez nos apasionó necesita convertirse en nuestro próximo trabajo.

Entre una cosa y la otra existe un territorio mucho más interesante: el de descubrir quién estamos llegando a ser.


Tal vez hoy no necesites tomar una decisión. Quizá solo necesites observar con un poco más de atención. Recordar qué experiencias despiertan tu curiosidad sin esfuerzo. Qué situaciones concentran naturalmente tu energía. Qué cualidad permanece, aunque las actividades hayan cambiado.


Crecer no siempre consiste en convertirnos en alguien diferente.

Muchas veces consiste en permitir que una parte de nosotros encuentre una forma nueva de participar en la vida que ya estamos construyendo.

La pregunta deja de ser:

¿Qué quiero hacer ahora?

Y empieza a transformarse en otra:

¿Qué parte de mí ha estado intentando desarrollarse durante todos estos años?




Reconocer esa parte también puede llevarnos a preguntarnos qué seguimos esperando para darle lugar.

La carta de Hogwarts que seguimos esperando