MAPAS · ENSAYO 02 · 2 min de lectura
Hay permisos que nunca llegan.
Porque nunca estuvieron destinados a venir desde afuera.
Durante años creemos que estamos esperando algo.
Una oportunidad. Un reconocimiento. El momento indicado.
En realidad, muchas veces estamos esperando algo mucho más difícil de nombrar.
Un permiso.
Harry cumple once años.
Empiezan a llegar cartas dirigidas a él. Sus tíos hacen todo lo posible por impedir que las lea.
Las esconden. Se mudan. Pero las cartas siguen llegando.
Hasta que Hagrid aparece para entregarle una verdad que Harry todavía no podía ver.
Ya pertenecía a ese mundo.
La carta no lo convirtió en mago. Solo reveló algo que ya era cierto.
Quizá por eso esa escena sigue resonando tantos años después.
Porque, de maneras mucho menos evidentes, muchos seguimos esperando nuestra propia carta.
Esperamos que algo ocurra para sentir que ya podemos ocupar un lugar.
Como si nuestra vida pudiera empezar realmente cuando llegue esa oportunidad que, por fin, confirme que estamos listos.
Pero la conversación pendiente rara vez es con esa oportunidad.
Es con la identidad desde la que seguimos mirándonos.
Tal vez por eso algunas de las transformaciones más importantes de nuestra vida no empiezan cuando aparece una oportunidad. Empiezan cuando dejamos de esperar que alguien nos autorice a ocupar un lugar.
Quizá crecer no consista en esperar la carta correcta.
Quizá consista en reconocer que hay lugares que empezamos a habitar mucho antes de que alguien los confirme.
La identidad no empieza a transformarse cuando alguien nos concede un permiso. Empieza a transformarse cuando dejamos de esperarlo y comenzamos a habitar el lugar que ya podemos ocupar.
Hay permisos que nunca llegan.
No porque alguien los esté reteniendo.
Sino porque nunca estuvieron destinados a venir desde afuera.
Dejar de esperar ese permiso puede abrir otra pregunta: ¿qué parte de nosotros lleva tiempo buscando una forma de crecer?
Hay partes de ti que todavía siguen creciendo