MAPAS · ENSAYO 05 · 4 min de lectura
Hay días en los que terminas agotado.
No has dejado de intentarlo. Revisas una vez más, pruebas otra alternativa, buscas información, pides consejo. Cambias un detalle. Después otro.
Y, sin embargo, todo parece conducir al mismo lugar.
Lo desconcertante no es el esfuerzo.
Es descubrir que, cuanto más insistes, menos parece responder la realidad.
Puede que el problema no sea la falta de respuestas.
Puede que estés intentando comprender una realidad nueva con un mapa que pertenecía a otro momento.
Algo parecido ocurre en Apolo 13.
La misión comienza con un objetivo claro: llegar a la Luna.
Pero una explosión cambia por completo la situación.
De un momento a otro, la pregunta deja de ser cómo llegar.
Ahora es cómo regresar con vida.
En la película ese cambio resulta evidente.
En nuestra propia vida, muchas veces no.
Seguimos intentando hacer funcionar un plan diseñado para una realidad que ya no existe.
La escena decisiva no transcurre en el espacio.
Sucede alrededor de una mesa.
El dióxido de carbono comienza a acumularse en el módulo lunar.
Los filtros que podrían resolver el problema no son compatibles con el sistema disponible.
Entonces, los ingenieros reúnen sobre una mesa todos los elementos con los que cuentan.
Objetos que nunca fueron pensados para resolver ese problema.
Objetos que, vistos por separado, no parecen resolver nada.
No pueden pedir piezas nuevas.
No pueden cambiar las condiciones.
No pueden volver atrás.
Solo pueden mirar esa mesa y hacerse una pregunta distinta.
¿Qué podemos construir con esto?
Y entonces sucede algo extraordinario.
Los objetos no cambian. La mesa no cambia. La realidad tampoco.
Lo único que cambia es la manera de mirar aquello que ya estaba allí.
Y, de pronto, aparece una posibilidad que antes era invisible.
Algo parecido nos ocurre más veces de las que imaginamos.
Puede suceder en una carrera profesional que tomó un rumbo inesperado.
En un equipo que dejó de funcionar como antes.
En una organización que cambió de contexto mientras seguía utilizando las mismas premisas.
O en cualquier transición en la que seguimos intentando hacer funcionar respuestas diseñadas para otra realidad.
No insistimos necesariamente por obstinación. Insistimos porque seguimos mirando desde el mismo mapa.
Y, con frecuencia, confundimos el camino con la posibilidad. Construimos un plan para llegar a un lugar. Cuando ese camino desaparece, sentimos que también desapareció el destino.
Pero no son lo mismo.
El final de un plan no siempre es el final de las posibilidades
Expandirse consiste también en ampliar la mirada.
Cuando dejamos de mirar una situación desde un único mapa, comenzamos a considerar posibilidades que antes no podíamos ver.
No siempre podemos elegir las condiciones que la vida nos presenta.
Sí podemos ampliar el mapa desde el que las interpretamos.
Y cuando ese mapa cambia, también cambia nuestra relación con los recursos, con las preguntas y con las posibilidades que somos capaces de descubrir.
Quizá hoy también haya una mesa delante de ti. No con todo lo que desearías, sino con todo lo que hoy está disponible.
La pregunta ya no parece ser qué te falta.
La pregunta podría ser otra:
¿Qué podría ser posible si dejaras de intentar que esto vuelva a ser como antes?
Porque, a veces, la expansión no comienza cuando cambia la realidad.
Comienza cuando cambia el mapa desde el que volvemos a mirarla.
Pero hay momentos en los que incluso ese mapa deja de alcanzarnos.
Hay momentos en que ningún mapa parece suficiente