MAPAS · ENSAYO 06 · 3 min de lectura
A veces sabemos exactamente dónde no queremos estar.
Y eso no significa que sepamos hacia dónde ir.
Solo sabemos que no queremos seguir por el mismo lugar.
Ese momento suele confundirse con la falta de respuestas.
Pero quizá no sea eso lo que ocurre.
Quizá lo que hemos perdido no sea el camino.
Quizá sea la dirección.
Porque tener opciones no es lo mismo que tener dirección.
Hay una escena en El retorno del Rey que siempre me hace volver a esta idea.
Frodo está en Mordor.
Ha llegado demasiado lejos para regresar.
Pero todavía tiene que seguir.
En un momento le dice a Sam que ya casi no recuerda la Comarca.
No recuerda el sabor de la comida.
Ni el sonido del agua.
Ni el verde de los campos.
Como si hubiera perdido aquello que daba sentido a todo el viaje.
Llega un instante en que ya no puede continuar.
Sam intenta animarlo.
Las palabras no alcanzan.
Entonces hace algo que cambia completamente la escena.
No le muestra un mapa.
No le explica cuál es el mejor camino.
Lo carga sobre sus hombros.
No porque conozca todas las respuestas.
Sino porque todavía conserva algo que Frodo ha perdido por un momento.
La dirección.
Hay transiciones que se parecen mucho a esa escena.
Una profesión deja de representar quiénes somos.
Una relación cambia.
Un proyecto pierde sentido.
Una forma de vivir deja de sostenernos.
Y empezamos a preguntarnos:
¿Qué hago ahora?
Buscamos opciones, leemos, preguntamos, pensamos en nuevos caminos.
Pero quizá todavía no estamos en ese punto.
Porque una dirección no siempre comienza sabiendo cuál será el próximo paso.
A veces comienza cuando reconocemos qué queremos empezar a cuidar.
Qué queremos volver a hacer espacio en nuestra vida.
Y también aquello que ya no queremos seguir sosteniendo.
A veces, reconocer aquello que dejamos atrás es la primera forma que adopta una nueva dirección.
Entonces ocurre algo curioso.
Las posibilidades siguen siendo muchas.
Pero algunas empiezan a sentirse más vivas.
Otras dejan de resonar.
No porque alguien nos haya dicho cuál elegir.
Sino porque empezamos a mirar desde un lugar diferente.
No siempre necesitamos encontrar el camino.
A veces necesitamos recuperar la dirección.
Frente a una decisión importante, podríamos empezar por otras preguntas:
¿Hacia qué quiero acercarme?
¿De qué quiero empezar a alejarme?
Tal vez todavía no sepamos cuál será el camino.
Pero cuando la dirección empieza a aparecer, el siguiente paso deja de sentirse completamente invisible.
Cuando empieza a aparecer una dirección, también puede surgir otra pregunta: desde qué lugar de nosotros mismos queremos avanzar.
La carta de Hogwarts que seguimos esperando